"Lo que evitas, te controla". Parece una frase de libro de autoayuda, pero es una realidad biológica y psicológica profunda. Cada vez que decides no enfrentar una situación que te generó dolor en el pasado, tu mundo, aunque no lo notes de inmediato, se vuelve un poco más pequeño.
El peligro de "achicar" nuestro mundo
Cuando evitamos algo para no sufrir, dejamos de atrevernos. El problema real surge cuando esa evitación se traslada a las cosas cotidianas: ese hobby que antes amabas, esa ruta que solías caminar o esa conversación que prefieres no tener por miedo a la respuesta.
El miedo no es el enemigo; el enemigo es el límite que el miedo impone a tu vida.
Una caída, dos caminos
Déjame contarte algo que me pasó recientemente. Salgo a pasear a mis perros todos los días; son grandes y fuertes, y es un momento que disfruto enormemente. Sin embargo, una noche tiraron con tanta fuerza que terminé en el suelo. No hubo lesiones físicas graves, pero el susto activó mi sistema de "ataque o huida", dejándome atrapada emocionalmente.
A la mañana siguiente, mi cerebro intentó protegerme: "No los saques hoy, podrían volver a botarte". En ese instante lo vi claro: si cedía, el miedo empezaría a controlar mis mañanas, mi salud y la felicidad de mis perros.
Utiliza tus herramientas.
Para romper el ciclo, utilicé tecnología a mi favor: música binaural (o música EMDR). Este tipo de sonidos ayuda a que los lóbulos izquierdo y derecho del cerebro se sincronicen, facilitando el procesamiento de emociones estancadas.
Al salir con mis audífonos, la tensión inicial se transformó en relajación. Recuperé el control. No solo yo, sino también mis perros, quienes reflejaban mi propio nerviosismo del día anterior. Terminamos dando el mejor paseo en mucho tiempo.
Reflexión final: ¿Cuáles son tus "perros"?
Caerse es una posibilidad real en la vida, pero no puede ser una limitante. La verdadera libertad no es la ausencia de riesgos, sino la capacidad de regular nuestro sistema nervioso para seguir caminando a pesar de ellos.
Hoy te invito a que te hagas esta pregunta:
¿A qué cosas le tienes miedo hoy solo porque en algún momento te generaron dolor o imaginaste que te lo podrían generar?
No dejes que tu mundo se achique. Identifica tus "perros", busca tus herramientas y recupera tu paseo.